domingo, 29 de mayo de 2011

UN OFICIO MUY CODICIADO EN LA INGLATERRA DEL SIGLO XIX


"Detesto la ociosidad. Mi tiempo libre lo dedico a mis negocios y a trabajar en mi zapatería. Así vivo día tras día hasta el momento en que soy requerido para alguna ejecución. Habría sido mejor para los ejecutados que hubiesen preferido el trabajo a la ociosidad"


El famoso verdugo William Marwood explicaba con estas palabras cómo transcurría su vida y qué opinaba de las personas que tenía que ajusticiar.

En Inglaterra, desde mediados del siglo XIX, el puesto de verdugo se convirtió en un oficio muy codiciado, que se mantuvo hasta que la pena capital fue abolida en 1964. Cada vez que quedaba una vacante surgía un gran número de solicitantes, incluyendo mujeres.
¿Qué alicientes podía tener desempeñar un oficio así? El aspecto económico jugaba un papel importante, pero algunos verdugos, como Henry Pierrepoint, mencionaron la gran ventaja que suponía poder viajar con todos los gastos pagados y poder así conocer lugares desconocidos, en los que se realizaban las ejecuciones. Otros, sin embargo, se sentían culpables y admitían que su trabajo era muy duro y desagradable. El verdugo John Ellis no pudo soportarlo y se suicidó.

Uno de los verdugos más célebres fue William Marwood (1820-1883), de Horncastle, Lincolnshire, Inglaterra. Durante gran parte de su vida fue un sencillo zapatero, como había sido su padre, pero siempre mostró un gran interés por la anatomía y por lo que él consideraba el “arte” del ahorcamiento y estimó que éste se podía mejorar.

Aunque nunca había ahorcado a nadie ni asistido a una ejecución, cuando tenía 54 años, consiguió persuadir a las autoridades de la prisión de Lincoln para ejecutar a William Frederick Horry, el 1 de abril 1872. El condenado murió con rapidez y sin sufrimiento, y esto dejó muy impresionado al gobernador de esa cárcel.

Marwood aplicó una técnica de su invención, que fue conocida como la “larga caída”, que garantizaba una muerte más rápida y digna a los condenados. El verdugo colocaba el nudo de la soga bajo la oreja izquierda y calculaba con precisión, según el peso del condenado, la longitud de la caída para que quedase inconsciente de forma inmediata y muriese poco después (en dos minutos). Marwood comprobó que, por ejemplo, una persona de unos 50 kg. requería una caída de unos 3,43 m. Con esta nueva técnica, el ejecutado no tenía que sufrir la larga agonía y asfixia de otros tiempos.

Aunque el método de este verdugo, sin duda, era más humano que los que se empleaban antes, no está claro que este individuo se preocupase tanto de los condenados como de impresionar a las autoridades con lo que él consideraba un “arte” que dominaba a la perfección.
Las personas que lo conocieron decían que era un hombre amable y educado, pero que asumía con naturalidad y cierto orgullo su oficio. No se sentía culpable por ejecutar a tantas personas y decía que, por las noches, dormía igual que un niño. Incluso, tenía tarjetas de visita en las que mencionaba su ocupación. El texto de las mismas, en concreto, decía lo siguiente:

"William Marwood
Verdugo Público
Horncastle, Lincolnshire"

Trabajó como verdugo durante once años, hasta que falleció como consecuencia de una enfermedad pulmonar en septiembre de 1883. Siempre simultaneó el oficio de verdugo con el de zapatero, en el que prosperó notablemente: muchas personas querían tener zapatos del célebre verdugo, de manera que él fue aumentando los precios de su calzado.

Marwood colgó a 181 personas, nueve de las cuales fueron mujeres. Entre las personas ajusticiadas por este verdugo se encontraba Charles Peace, un famoso ladrón y asesino, que horrorizó a la sociedad victoriana y, al mismo tiempo, despertó gran interés por sus famosas huidas de la cárcel, su manejo de las armas y sus habilidades para tocar el violín o crear distintos inventos

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